Mousse de Látex y milhojas de viscoelástica sobre nido de muelles

Nos envía este texto Fernando Sesma, lector del blog. Fernando analiza con mucho humor una campaña publicitaria, una de sus pasiones. Si os gusta, comentad y retuitead el post para que nos siga escribiendo xD. Y si vosotros, lectores y lectoras, queréis colaborar con el blog, no tenéis más que escribirnos a ideas@pasa.co

Hace tiempo que la aragonesa Pikolín confía su imagen a personajes conocidos en España con la esperanza de que su pulcra y seria imagen dé criterio al mensaje.

Ya lo intentó con el actor catalán (no, no voy a preguntar su nombre al tito Google. No sé cómo se llama) que enarca a “Vilches” en la serie de médicos Hospital Central, como si el actor fuese en realidad un sesudo doctor que sabe mucho de descanso lumbar y por eso le fuésemos a hacerle mucho caso y elegir los colchones que recomienda. Aquello fue un intento, pero la última campaña con el señor Adriá ha sido definitivamente tirar a matar.

Don Ferrán Adriá apareció hace unos años en la portada de una revista eeuunidense de intachable reputación como uno de los cien hombres más influyentes del mundo y, claro, su fama y mensaje se difundió por este país como la pólvora. Desde ese momento cualquier cosa que dijese este buen hombre se consideraba verdad de facto, texto obligado en EGB y sus obras reunidas un novísimo testamento postapocalipsis, con lo que era más que normal que se hinchase a hacer anuncios.

Con todo esto nos desayunamos un buen día con el susodicho en un plano cerradito en el que se le ve con una cucharilla de café en el ojo, se la quita y se te queda mirando como diciendo: ¿qué… a que molo?

Una mueca de extrañeza después veo cómo se acerca, seguro de sí mismo, a lo que parece un colchón diseccionado mientras una voz en off se plantea si este tipo que no tiene ni verbenera idea de colchones tendrá algo que aportar al sector (juro por mi carnet de conducir que es cierto lo que digo).

Pese al aporte invisible de moral que le acaban de dar continúa en su empeño, se agacha junto al colchón,  lo observa, medita cinco nanosegundos y suelta…   “¿y si esta (capa) que no usamos la colocamos arriba y añadimos otra capa de confort…”

¡Para el video!

En este momento ha aparecido a su lado un tipo con cara de ingeniero, máster cum laude de la Nasa y orgullo perpetuo de su madre, que con gafas y bata blanca se le queda mirando como diciendo ¿Qué me estás contando? Ferran se gira hacia él y concluye su pregunta con un “…será mucho más cómodo, No?”.

¡Con dos Collons! (que suena más fino) el amigo de los fogones se acaba de cargar toda la evolución en I + D + I en la que han estado invirtiendo los señores de Pikolín desde que Alfonso Solans padre bebía leche para desayunar. Al tipo este se le ocurre pasar la capa de abajo a arriba, con lo que se quedan los muelles casi al aire por un lado y ya no podemos darle la vuelta al colchón en verano, ¡con la sensación tan buena que daba pensar que así se aprovechaba mejor el colchón!. Pues no contento se saca de la manga que se le añada otra capa más con lo que ¿que conseguiríamos? ¡que el colchón salga más caro, señoritingo “cobro las cenas a trescientos euracos”!.

Para mi asombro el superingeniero, lejos de llamarle de todo menos guapo, le suelta un “¡Genial!”, mira, ya lo tenemos hecho aquí… y, claro, el cocinero se crece como un bizcocho de abuela y termina apuntándonos con el dedo en una maleducadísima postura y, mirando con aire chulesco a la cámara que montada en una grúa se aleja como acongojada,  nos amenaza con que algún día todos los colchones serán así.

Esta muestra de chulería sólo se la habría aceptado a alguien con una autentica genialidad demostrada. Alguien al que le río hasta la última de sus chorradas publicitarias, a quien le acepto que me insulte y me mire por encima del hombro siempre que pueda seguir disfrutando lentamente de su obra, el único, Salvador Dalí. Y como a alguien se le ocurra comparar a Adría con Dalí le suelto una ráfaga a bocajarro con la grapadora al grito de “que estoy mu loco”…

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